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Platos típicos de Gandia menos conocidos: 10 sabores de La Safor

La cocina de Gandia y La Safor se entiende a través de tres paisajes: el mar del Grau, la huerta que rodea la ciudad y las montañas del interior. Entre ellos se conserva un recetario de guisos, tapas, cocas y dulces que merece tanta atención como los platos más famosos de la costa.

Esta guía reúne diez platos típicos de Gandia y La Safor menos conocidos, además de la repostería y los productos que explican su sabor. No todos aparecen cada día en una carta: algunos pertenecen al almuerzo, otros necesitan largas cocciones y varios siguen el calendario festivo. Preguntar por ellos, reservarlos o acercarse a los pueblos de la comarca forma parte del descubrimiento.

Una cocina entre el mar, la huerta y la montaña

El Grau de Gandia aporta pescado, marisco y morralla para caldos y guisos. A pocos kilómetros, la huerta suma acelgas, pimientos, calabaza, boniato, cítricos y frutos secos. Hacia el interior, los días fríos piden ollas con trigo, legumbres, verduras y embutido. Esa relación entre paisajes permite encontrar recetas en las que se mezclan ingredientes que, a primera vista, parecen pertenecer a mundos distintos.

Muchas preparaciones sobreviven en casas, carnicerías, hornos y bares de picaeta más que en los menús turísticos. Por eso conviene buscarlas por su nombre en valenciano y recordar que cada familia y cada pueblo puede tener su propia versión.

Diez platos típicos de Gandia y La Safor que conviene conocer

1. Figatell, el bocado más propio del esmorzaret

El figatell es una pequeña pieza de carne hecha con magro, papada e hígado de cerdo, sazonada con especias y envuelta en mantellina o redaño. Se cocina a la plancha o a la brasa, de modo que queda dorado por fuera y jugoso por dentro. Es especialmente representativo de Gandia, Oliva y otros municipios de la comarca.

Puede aparecer como tapa, dentro de un bocadillo o acompañado de verduras. Para una primera toma de contacto, funciona muy bien en un almuerzo valenciano: pan, encurtidos, cacauets y una bebida completan un ritual que aquí se toma con calma.

2. Gamba amb bleda, el encuentro de la marjal y la huerta

La gamba amb bleda combina pequeñas gambas de la marjal de Oliva-Pego con acelgas, ajo, pimentón y un punto de guindilla. El resultado es un guiso sabroso y humilde, muy ligado a Oliva y Pego, en el que el jugo de la gamba impregna la verdura.

También puede convertirse en relleno de empanadillas o de coques de dacsa. Pocas recetas explican de manera tan directa la proximidad entre las zonas húmedas, el cultivo y la cocina marinera del sur de La Safor.

3. Coques de dacsa, una base sencilla con muchos rellenos

Coques de dacsa apiladas sobre un plato blanco
Coques de dacsa

Las coques de dacsa son tortas redondas elaboradas con harina de maíz escaldada, agua, aceite y sal. Se sirven calientes y se comen dobladas, casi siempre con un relleno jugoso. Entre los más habituales están el esgarraet, el atún con tomate y huevo o la propia gamba amb bleda.

Son típicas de Gandia, Ròtova y Oliva, aunque la receta y el grosor cambian de una casa a otra. Su interés está en el contraste: una masa suave y ligeramente tostada que recoge el aceite y el sabor del relleno sin robarle protagonismo.

4. Olleta de blat picat, el guiso del interior

En la olleta de blat picat, el trigo picado ocupa el lugar que en otros guisos se reserva al arroz. Se cuece lentamente con alubias, acelgas o pencas, nabo, chirivía, calabaza, patata y productos del cerdo como costilla, panceta, blanquet o botifarra de ceba.

Es un plato de invierno, espeso y reconfortante, vinculado a los pueblos del interior. Villalonga mantiene viva su presencia dentro de su tradición gastronómica. Como requiere tiempo y no siempre forma parte del menú diario, lo más prudente es encargarlo o confirmar su disponibilidad.

5. Bossa de polp, la especialidad paciente de Miramar

La bossa de polp es una preparación muy asociada a Miramar. El cuerpo del pulpo se rellena con arroz, las patas picadas, piñones, ajo, perejil y un toque de canela. Después se cuece lentamente con alubias y patatas hasta reunir el sabor del mar con la textura de un guiso de cuchara.

No es una receta rápida ni fácil de encontrar de improviso. Precisamente por eso representa bien la cocina doméstica de la comarca: aprovechamiento, paciencia y una combinación de ingredientes transmitida de generación en generación.

6. Sang amb ceba, una tapa sin medias tintas

La sang amb ceba parte de sangre cocida cortada en dados y salteada con abundante cebolla pochada. El ajo, el pimentón y el tomillo completan una tapa de sabor profundo que forma parte de la cocina popular de La Safor.

Es uno de esos platos que dividen opiniones antes del primer bocado y conquistan por la textura y el dulzor de la cebolla después. Suele encontrarse con más facilidad en bares tradicionales y casas de comidas que en restaurantes de costa.

7. Pebres farcits, arroz cocinado dentro del pimiento

Los pebres farcits son pimientos rellenos de arroz, sofrito de tomate y, según la versión, carne picada o atún en salazón. Los piñones y un toque de canela aportan el matiz más característico. Se hornean lentamente, a menudo en cazuela de barro, hasta que el arroz absorbe los jugos del pimiento.

La receta se comparte con otras comarcas centrales valencianas, pero mantiene una presencia notable en La Safor. Los hornos tradicionales son un buen lugar para preguntar por ella, sobre todo si se busca comida preparada para llevar.

8. Llandeta, cruet y suquet de peix

Bajo los nombres de llandeta, cruet o suquet de peix aparecen distintos guisos marineros con pescado, patata, cebolla, tomate y un majado de ajo, almendras y azafrán. La llandeta alude al recipiente metálico; el cruet, a la costumbre de colocar los ingredientes en crudo antes de empezar la cocción.

Las especies empleadas cambian según la captura y la casa: esa flexibilidad no es un defecto, sino la esencia de una cocina nacida para aprovechar el pescado disponible. En el Grau, preguntar por el guiso marinero del día puede descubrir una versión que no figure con estos nombres exactos en la carta.

9. Arròs amb fesols i naps, arroz para los días fríos

El arròs amb fesols i naps es un arroz caldoso o meloso con alubias, nabo —a menudo napicol—, pencas o cardo y distintas piezas de cerdo. La cocción lenta construye un caldo denso antes de incorporar el arroz en el tramo final.

Además de ser una comida doméstica de invierno, se prepara en grandes calderas durante celebraciones populares de varias comarcas valencianas. En La Safor conserva ese carácter comunitario: es un plato que sabe mejor cuando la temperatura baja y la mesa se comparte.

10. Putxero de Gandia, dos servicios y una olla completa

El putxero reúne garbanzos, ternera, gallina, huesos, patata y una amplia selección de verduras: nabo, chirivía, pencas, zanahoria, boniato y calabaza. La pilota de carne añade otro de sus elementos reconocibles. Tradicionalmente se sirve primero la sopa y después las carnes, la pilota, las legumbres y las verduras.

Su larga cocción explica que no sea una elección para cualquier momento. Cuando aparece como plato especial o por encargo, ofrece una de las mejores panorámicas de la despensa local en una sola comida.

Dulces de Gandia y La Safor que siguen el calendario

Arnadí horneado en cazuelas y decorado con frutos secos
Arnadí recién horneado

La repostería tradicional utiliza ingredientes que también aparecen en los guisos: calabaza, boniato, cítricos, almendra, cacahuete y uva moscatel. Algunos dulces se encuentran durante todo el año; otros están estrechamente ligados a una fiesta.

  • Arnadí: dulce de calabaza asada o boniato, azúcar, almendra, yema y canela, decorado con almendras y piñones. Su origen se vincula a Xàtiva, pero está muy arraigado en las comarcas centrales, incluida La Safor, durante Cuaresma y Semana Santa.
  • La Delicà de Gandia: creación de la Associació de Pastissers i Forners de Gandia inspirada en una conocida leyenda local. Combina masa de panou con crema de almendras, pasas, nueces, cítricos y almendra laminada, y se ofrece durante todo el año en obradores autorizados.
  • Pastissets de moniato: pequeñas empanadillas dulces con relleno de boniato aromatizado con canela y limón. Son especialmente habituales en Navidad.
  • Bunyols de carabassa: buñuelos de calabaza, harina y levadura, fritos y terminados con azúcar. Su momento más visible llega con las Fallas.
  • Coca de llanda: bizcocho cotidiano de desayuno o merienda, horneado en una bandeja metálica y aromatizado con ralladura de limón o naranja.

La despensa que da sentido a las recetas

La naranja define buena parte del paisaje agrícola de La Safor y aporta zumo o ralladura a masas y rellenos. La calabaza y el boniato cruzan la frontera entre cocina salada y dulce. El cacahuete aparece en elaboraciones navideñas, mientras la almendra y los piñones enriquecen tanto guisos como postres.

La uva moscatel conecta la sobremesa con una tradición agrícola de la comarca. L’escaldà, el proceso de transformación de la uva moscatel en pasa, está reconocida como Bé d’Interés Cultural Immaterial. De esa cultura proceden también la mistela y otros vinos dulces que acompañan bien al arnadí o a los pastissets.

En la costa, la lonja del Grau ayuda a comprender por qué los guisos cambian con la captura disponible. Gamba roja, sepia, pulpo, calamar, galeras y morralla forman parte de una despensa marina que llega a restaurantes y pescaderías. La web de Turismo de Gandia permite completar la visita con información actualizada sobre gastronomía y recursos de la ciudad.

Cuándo buscar cada especialidad

  • Todo el año: figatell, coques de dacsa, sang amb ceba, pebre farcit, La Delicà y coca de llanda pueden encontrarse con mayor regularidad, aunque la oferta cambia entre establecimientos.
  • Otoño e invierno: es el mejor momento para arròs amb fesols i naps, olleta de blat picat y putxero. Son platos calientes y de cocción larga.
  • Cuaresma y Semana Santa: el arnadí gana presencia en hornos y pastelerías.
  • Fallas: los bunyols de carabassa ocupan calles, casales y puestos especializados.
  • Navidad: llegan los pastissets de moniato y otras elaboraciones con almendra, cacahuete, boniato y cabello de ángel.

Las especialidades marineras dependen más de la captura y de la cocina del día que de una fecha concreta. En el Grau conviene preguntar por llandeta, cruet o suquet, mientras que Oliva y el entorno de la marjal son referencias naturales para buscar gamba amb bleda. Miramar aporta la bossa de polp; Ròtova y otros pueblos de la comarca conservan una relación estrecha con las coques de dacsa.

Una ruta gastronómica para probar varios sabores

Una jornada puede empezar con un esmorzaret en el centro de Gandia y un figatell a la plancha. Al mediodía, el Grau permite elegir un guiso de pescado según mercado. Para la merienda, un horno tradicional acerca a la coca de llanda o a La Delicà. Si la visita coincide con los meses fríos, merece la pena reservar una comida de cuchara en la ciudad o desplazarse hacia el interior.

Quien quiera profundizar debería repartir la búsqueda entre Gandia y los pueblos. La cocina comarcal no está concentrada en una sola calle: se extiende por la costa, la marjal y los valles interiores. Confirmar horarios y disponibilidad antes de desplazarse es especialmente importante para los platos por encargo y los dulces estacionales.

Qué pedir para empezar

Para una primera degustación, una combinación equilibrada sería figatell, coques de dacsa y gamba amb bleda como picaeta; una llandeta o una olleta de blat picat como plato principal, según la estación; y La Delicà o arnadí para terminar. Así aparecen en una sola ruta la carne, la huerta, el mar y la repostería de La Safor.

Más que una lista cerrada, estos platos son una invitación a preguntar. Cada conversación en un horno, una carnicería o una casa de comidas puede descubrir una variante familiar, otro nombre o una preparación que solo se cocina unos días al año. Ahí reside buena parte del atractivo de la gastronomía menos conocida de Gandia.