Blog del hotel Borgia

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El Grau de Gandia: historia del puerto, el tren dels Anglesos y la vida marinera

El Grau de Gandia no es solo el barrio que une la ciudad con el Mediterráneo. Su puerto, el antiguo tren de Alcoy, la pesca, la fideuà y una iglesia concebida como una nave sobre el agua cuentan parte de la historia de La Safor.

A tres kilómetros del núcleo histórico, entre el barranco de Sant Nicolau y la desembocadura del Serpis, el Grau creció mirando a dos paisajes: el mar abierto y la huerta. Su evolución ayuda a completar la historia de Gandia desde una perspectiva marítima, industrial y popular.

De embarcadero medieval a poblado marinero

Durante siglos, el asentamiento se organizó a ambos lados del cauce de Sant Nicolau. En la orilla sur se levantaba la Casa del Grau de la Mar, vinculada a la vigilancia costera, la aduana y el depósito de mercancías. En la norte, la Casa del Llavador atendía el lavado de lana relacionado con la actividad textil medieval.

La Casa del Grau reunía una torre defensiva, dependencias para la guarnición y una alhóndiga donde se controlaban y almacenaban las mercancías. Al otro lado, el lavadero formaba parte de un paisaje productivo documentado desde la Edad Media. La antigua torre costera sobrevivió hasta 1888, cuando se derrumbó después de siglos expuesta al viento y al salitre.

La pesca de bajura y el cabotaje sostuvieron una comunidad reducida. Hacia 1831 apenas vivían allí entre 140 y 150 personas. Aquella escala cambió radicalmente cuando la exportación de naranjas reclamó un puerto seguro y las fábricas de Alcoy necesitaron recibir carbón por mar.

Antes del puerto, buena parte de la fruta se llevaba en barcazas hasta los buques fondeados frente a la playa. El oleaje encarecía y dificultaba cada embarque; trasladar la carga por tierra hasta Valencia tampoco era una buena solución para un producto delicado. La Ley de Puertos de 1880 abrió la puerta a una infraestructura de iniciativa privada.

El puerto británico y el tren dels Anglesos

El ingeniero Rafael Yagüe firmó el proyecto portuario en 1883 y la primera piedra se colocó en 1886. Tres años después, la compañía británica The Alcoy and Gandia Railway and Harbour Company Limited adquirió los derechos del puerto y del ferrocarril. El recinto abrió al servicio público en 1892.

La combinación era extraordinariamente eficaz: los barcos descargaban carbón para la industria alcoyana y cargaban productos agrícolas de La Safor; el tren de vía estrecha recorría unos 53 kilómetros y llegaba hasta el propio muelle. Gandia tuvo así el único puerto español construido con capital privado y destinado al servicio público de buques, mercancías y pasajeros, además de uno de los primeros ejemplos de transporte intermodal del país.

Puerto y ferrocarril cambiaron la escala del Grau. Crecieron el estibaje, los almacenes y los oficios auxiliares, mientras la naranja conectaba la comarca con los mercados europeos. En 1934 Gandia llegó a ser el segundo puerto frutero de España, con unas 250.000 toneladas movidas.

El puerto pasó al Estado entre 1946 y 1947. La línea ferroviaria cerró en 1969, pero su memoria sigue viva en la locomotora «Villalonga» del Parc de l’Estació y en parte de la actual Vía Verde del Serpis.

Tinglados, lonja y cultura de la mar

Los tinglados fruteros, la Torre del Reloj, la lonja y los muelles permiten leer todavía aquella transformación. Junto al tráfico comercial se mantuvo una identidad pesquera propia, ligada a las barcas de arrastre o de bou, a la subasta del pescado y a una cocina nacida de las jornadas en el mar.

Los tinglados actuales comenzaron a levantarse en el primer tercio del siglo XX para guardar miles de cajas de naranjas. Sus naves abovedadas forman uno de los conjuntos más reconocibles del puerto; la torre central, con relojes en sus cuatro caras, terminó convirtiéndose en emblema del Grau. Desde 2018, el conjunto está reconocido como Bien de Relevancia Local.

La tradición sitúa el nacimiento de la fideuà de Gandia a bordo del Santa Isabel, a principios del siglo XX, cuando los fideos sustituyeron al arroz en una comida marinera. Más allá de la fecha exacta o de los detalles transmitidos oralmente, el plato resume la relación entre el Grau, su flota y la gastronomía de toda la ciudad.

San Nicolás y el nuevo paisaje del siglo XX

El gran hito moderno del puerto es la iglesia de San Nicolás de Bari. Proyectada a finales de los años cincuenta por Gonzalo Echegaray con la participación de Eduardo Torroja y Jaime Nadal, fue inaugurada en 1962. Su planta trapezoidal y su cubierta de hormigón sin apoyos intermedios refuerzan la imagen de un buque que avanza hacia la dársena.

En las mismas décadas, los primeros chalets, hoteles, apartamentos y paseos transformaron el litoral en destino turístico. El Grau no abandonó su pasado: lo incorporó a una nueva vida residencial y vacacional en la que conviven puerto comercial, pesca, universidad, gastronomía y paseo marítimo.

El cambio venía de atrás. Primero estuvieron los marells, pequeñas propiedades agrícolas donde algunas familias pasaban jornadas junto al mar; después aparecieron los chalets de veraneo de las décadas de 1920 a 1950. Desde finales de los cincuenta, los hoteles y bloques de apartamentos extendieron la actividad hacia la playa y multiplicaron la población estacional.

Qué ver para entender la historia del Grau

  • Moll dels Borja y paseo del puerto: el mejor eje para observar la relación entre ciudad y dársena.
  • Tinglados y Torre del Reloj: memoria de la exportación frutera y del pasado industrial.
  • Lonja y muelle pesquero: la continuidad del trabajo marinero.
  • Iglesia de San Nicolás: arquitectura moderna frente al agua.
  • Escollera y faro: una perspectiva completa del puerto y la costa.

Para ampliar la visita y consultar el patrimonio portuario, puede verse la ruta oficial del Grau y la playa. La historia publicada por Valenciaport aporta más contexto sobre el origen del recinto y el tren.

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