En plena huerta de naranjos, a un paso del casco urbano, la Torre dels Pares asoma sus cinco alturas sobre los campos que durante siglos sostuvieron a la antigua Universidad de Gandia. Es una de las visitas más singulares y menos conocidas del patrimonio de la ciudad.
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La alquería fortificada de la Torre dels Pares se levanta junto al camino que une Gandia con Daimús, muy cerca del centro comercial La Vital. Declarada Bien de Interés Cultural, de titularidad municipal y recuperada tras una restauración integral, hoy abre sus puertas en visitas guiadas. Su historia condensa cinco siglos de vida de la huerta: los Borja, los jesuitas, la seda y los naranjos.

De los Balaguer a los Borja: los orígenes de la finca
La finca entra en la gran historia con una compraventa: entre 1485 y 1486, Pere Lluís de Borja, primer duque de Gandia de la célebre familia valenciana, adquirió las tierras a los hermanos Jaume, Francesc y Miquel Balaguer. La operación reforzaba el control del ducado sobre la huerta más fértil del sur de la ciudad.
Décadas más tarde, San Francisco de Borja, IV duque de Gandia y después general de la Compañía de Jesús, cedió la propiedad a los jesuitas con un encargo muy concreto: que sus rentas agrícolas sostuvieran el Colegio-Universidad de la ciudad, la antigua Universidad de Gandia, primera de la orden en el mundo. La comunidad religiosa que administraba las tierras acabó bautizando el lugar: la torre de los «Padres», Torre dels Pares. En los archivos de la Compañía figura también como Torre dels Colegians y Torre de San Ignacio.
Una torre del siglo XVII: lo que ha aclarado la arqueología

Durante mucho tiempo se atribuyó a la torre un origen medieval, con raíces andalusíes y una supuesta fase como vigía del siglo XIV. Las investigaciones arqueológicas más recientes, publicadas en 2024 tras estudiar sus fábricas, apuntan en otra dirección: los jesuitas levantaron el torreón de nueva planta a partir de 1605, a la vez que ordenaban los edificios agropecuarios del conjunto.
El motivo de tanta piedra era muy terrenal: la piratería berberisca castigaba el litoral valenciano, y una finca próspera a dos kilómetros del mar necesitaba proteger cosechas, ganado y trabajadores. La Safor se organizaba entonces como un paisaje vigilante, con el Castell de Bairén dominando la llanura, torres de guaita en la costa y alquerías fortificadas como la Alqueria del Duc repartidas por la marjal. Cuando se avistaban velas enemigas, los avisos corrían por la red costera con columnas de humo de día y hogueras de noche, y la población rural buscaba refugio tras los muros.
Qué ver: el torreón, el patio y las huellas del campo

El torreón manda sobre el conjunto: planta rectangular de 5,50 × 6,75 metros, cinco alturas y cubierta a cuatro aguas de teja plana. Los muros, de mampostería trabada con mortero de cal y reforzada con sillares en las esquinas, conservan saeteras y vanos pensados para la defensa.
A sus pies, la alquería sigue el esquema clásico valenciano: un patio central alrededor del cual se ordenan la vivienda y las dependencias de trabajo. Las sucesivas economías de la finca dejaron huellas visibles en el edificio: al cultivo de viña, olivo y morera del siglo XVIII —con la seda como protagonista— siguió la transformación citrícola de los siglos XIX y XX, que añadió almacenes y nuevos espacios de vivienda.
Del abandono al rescate: BIC y restauración

Tras la expulsión de la Compañía de Jesús decretada por Carlos III en 1767, la finca fue incautada por la Corona y subastada, y pasó más de dos siglos en manos privadas. El último tercio del siglo XX trajo el abandono progresivo del conjunto.
La recuperación llegó por etapas: la declaración como Bien de Interés Cultural el 7 de julio de 2010, la adquisición por el Ayuntamiento de Gandia y una rehabilitación estructural ejecutada entre 2020 y 2023 con una inversión de 822.000 €, financiada en un 75 % por el programa del 1,5 % Cultural del Ministerio de Transportes y en un 25 % por el propio Ayuntamiento. Las obras consolidaron forjados y cubiertas e incluyeron sondeos arqueológicos que hoy permiten leer mejor la biografía del edificio.
Visita práctica: cuándo entrar y cómo llegar
La torre se visita únicamente con visita guiada, dentro del programa de difusión del patrimonio que coordina el Museu Arqueològic de Gandia (MAGa). El día y la hora de los pases cambian a lo largo del año, entre la temporada ordinaria y campañas especiales como el Estiu Arqueològic, así que conviene consultar el calendario vigente en la ficha oficial de la XEC Gandia o preguntar directamente al museo, en el 96 295 95 40 o en difusiomaga@gandia.org. La entrada tiene precios simbólicos —2 € la general y 1 € la reducida al publicar esta guía— y las plazas son limitadas, con reserva recomendada.

Llegar es sencillo: la alquería queda en el Camí Torre dels Pares, junto a la carretera de Gandia a Daimús, a unos dos kilómetros del centro, con acceso asfaltado desde la rotonda del centro comercial La Vital (ver ubicación). También puede alcanzarse a pie o en bicicleta por los itinerarios de la Anella Verda, el anillo verde periurbano que enlaza la huerta con hitos como el Morabit de Marxuquera, la marjal y el Centre Històric. Calzado cómodo, agua y protección solar completan el equipo: el entorno sigue siendo huerta viva.
Pocos lugares resumen tan bien la historia agraria de Gandia: la torre pagó los estudios de una universidad, vigiló la costa frente a los corsarios y guardó cosechas de naranjas. La visita ocupa una mañana y se combina sin esfuerzo con un paseo por el Centre Històric o con la playa.
